Mostrando entradas con la etiqueta lector-blog.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lector-blog.. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de noviembre de 2012

Freddy Krueger


Buenas a todos y todas.

Hoy estamos de estreno “de nuevo”, me complace, enorgullece y alegra con profundidad mostraros esta nueva sección que depende en gran parte de vosotros queridos lectores. Os la explico sin más preámbulos, un lector del Pseudoescritor Errante se ha animado a compartir conmigo un proyecto de libro que está en proceso de creación. Tengo el prólogo en mis manos y paso a compartirlo con vosotros. La temática se encauzaría dentro del género de terror y además viene a ser un spin-off de la historia de Freddy Krueguer para quien no lo conozca un breve resumen:

Robert Englund, actor que interpretaba a Freddy Krueger.


Frederick Charles Krueger, o simplemente Fred o Freddy Krueger, es el personaje principal de   la saga de películas de terror A Nightmare on Elm Street, título original en Estados Unidos (Pesadilla en Elm Street en España, Pesadilla en la calle del infierno en México y Venezuela, Pesadilla en Argentina y Pesadilla sin fin en Colombia).Fue creado por Wes Craven y ha sido interpretado por Robert Englund en todas las películas hasta  2003, así como en una serie de televisión; y por Jackie Earle Haley en la película de 2010.

Apareció por primera vez en la película A Nightmare on Elm Street (1984) de Wes Craven. Freddy surge en las pesadillas de los niños y adolescentes de Elm Street para asesinarlos, ya que los actos cometidos tienen repercusión en la vida real. Su apariencia física es muy característica: un rostro desfigurado, un sombrero ajado, un jersey de rayas verdes y rojas, y un guante de cuchillas que él mismo ha elaborado. En las películas demuestra tener un grotesco sentido del humor. Su aparición suele ir acompañada de un cántico que emiten unas niñas mientras saltan la cuerda.

Por lo tanto y visto esto la interacción con vosotros estimados lectores es la siguiente…el reto consiste en conseguir que 10 lectores escriban en un comentario “Quiero el siguiente capítulo sobre Freddy Krueguer” y pasaremos a colgar el siguiente y complicar el reto. El texto además admite críticas constructivas, opiniones y desvaríos respetuosos varios, es más aquellas dudas que queráis hacerle llegar también se la podéis dejar puesta vía comentario. El autor me recordó que ya se encuentra en el registro de la propiedad intelectual ©.              
Cualquiera pues que cite el texto tendrá que hacerlo citando a su autor, David Rico García a los que pertenecen los derechos. Aún así no es la versión definitiva y aún está sujeto a diversas modificaciones. David pues se encuentra enfrascado en esto y es la primera vez que se lanza a escribir, así que es lo más novel que os podáis encontrar.

¿Preparados? Disfrutad y sumergíos conmigo dentro de este oscuro relato:


PRÓLOGO


Aquel lugar daba miedo, parecía sacado de alguna película lúgubre de Terence Fisher. Era oscuro, lleno de recovecos, viejos edificios ruinosos, bidones, chatarra oxidada y arcaicos camiones que dejaron tiempo atrás sus días de faena. Parecía como si nadie hubiese pisado el lugar en años. Aquella vieja fábrica estaba apartada de cualquier atisbo de civilización, el tiempo y el abandono la hacía un lugar peligroso al mismo tiempo que atractivo.

Eran jóvenes, y aunque ella era bastante más sensata que su novio, no pudo evitar ser arrastrada a aquella aventura. Se respiraba una calma siniestra, la suave neblina que cubría el lugar, aún lo hacía más atrayente. El silencio sólo se vio enturbiado por las revoluciones del motor de un Ford Mustang Shelby negro bastante destartalado, que lentamente se iba internando en la zona. Chris miraba a su alrededor con desconfianza y cierto temor, pero era imposible convencer a su novio de lo contrario. Desde siempre le gustaron los lugares abandonados y prohibidos, las ruinas y sus allanamientos de morada, y sin duda, este sitio cumplía todos los requisitos. Le habían hablado de aquella fábrica infinidad de veces, incluso deambulaban leyendas urbanas por el pueblo, de fantasmas, extravagantes asesinatos, y demás sucesos extraños. Era cuestión de tiempo el tener que ir, y allí estaban. 

–No sé porque te hago caso, haces conmigo lo que te da la gana. –le dijo ella.

Era normal que ella lo acompañase a todos estos sitios, ya que, a pesar de entusiasmarle, le daba miedo ir solo, pues se entremezclaban su incredulidad con ese miedo intrínseco e irracional que tenemos a los fantasmas y monstruos de diversa índole. Era innegable que el cine y la televisión tenían gran parte de culpa, él por supuesto, negaba tener miedo alguno.

David no le respondió, absorto como estaba; paró el coche, su cara de satisfacción era evidente, pero Chris no se sentía cómoda, tenía un mal presentimiento, como si aquel lugar les fuera a deparar alguna desgracia. Él insistió.

–Vamos, no seas mojigata, no te va a pasar nada estando yo aquí.

A pesar de sus decididas palabras, y de la inconsciencia que supone entrar en un lugar así, David llevaba a Chris, no como acompañante, pues la mayoría de las veces resultaba ser un incordio, ya que ella odiaba este tipo de sitios, sino como una seguridad ante lo que pasase. Él sabía que no lo pasaba bien, pero ir solo... era demasiado, así que podríamos decir que la utilizaba en gran medida para salvaguardarse y no verse solo si veía algo o pasaba algo raro. Siempre era mejor ir en pareja a estos lugares donde el peligro podía acechar en cada esquina. Quién sabe, un suelo que cede, un techo que se derrumba..., podían ocurrir mil accidentes, por no mencionar la más que posible presencia de gente indeseable.

Cogió dos linternas  de la guantera, luego su mano y tirando de ella,  juntos se internaron en la oscuridad.

–Debimos haber venido más temprano, dentro de poco va a anochecer. –Chris contaba los segundos para salir de allí.

–Sólo vamos a echar un vistazo, y nos vamos. –le dijo David con tono agrio.

Al hecho de estar oscureciendo lentamente, se sumaron otros factores nada halagüeños como esos nubarrones que ocultaban intermitentemente el sol, formando un juego de luces y sombras inquietantes que cambiaban y parecían dar vida y movimiento al lugar.

Todo estaba lleno de tuberías y calderas sucias, incluso algunos empalmes y soldaduras segregaban un líquido espeso y rojizo. Ella no se soltaba de su brazo, mientras que él parecía estar en un sueño. Aquellos sitios le fascinaban, le encantaba explorarlos de arriba a abajo sin ningún tipo de límite.

Los pasillos y las pasarelas metálicas se perdían en la oscuridad, parecían no tener fin. Dentro de aquel edificio se escuchaban toda clase de ecos, goteos, metal rozando con metal, crujidos, etc; era normal en un sitio así.

Chris no dejaba quieta la linterna, enfocando en todas las direcciones, mientras que la serenidad de David era total. Finalmente llegaron a una sala algo iluminada por luz exterior que entraba por algunos resquicios del techado. En el fondo había una puerta abierta que daba a unas escaleras que bajaban a lo que parecía ser un sótano. No se veía nada a partir del cuarto peldaño, la oscuridad era total. Resultaba curioso, al mismo tiempo que repulsivo, el hecho de que aquella sala estaba repleta de ratas muertas y en avanzado estado de descomposición, por lo que el hedor era el típico a animal muerto, un olor empalagoso y rancio.

–¡Te estoy leyendo el pensamiento, hazme el favor de dejarlo ya.! –le increpó Chris con contundencia.

–Cielo, solo voy a mirar qué hay, y subo, espérame aquí.

–¡No te atreverás a dejarme sola en este sitio de mierda! ¿verdad?.

David, la abrazó y le dio un beso en la mejilla.

 –Anda, no seas así, en cuanto suba nos vamos ¿vale?.

A estas alturas, David, sabía perfectamente como adularla para conseguir lo que quería. Ella asintió con apatía, mientras él se dio la vuelta y fue bajando los peldaños con cuidado. Quiso apoyarse en la pared ya que no había pasamanos, pero éstas parecían sudar moho y verdín. Aquel pasillo hacia ese abismo sin fondo estaba lleno de humedad, y el olor se hacía cada vez mas intenso a medida que descendía, un olor muy desagradable, como a azufre u otro producto químico similar. Todavía no había terminado de bajar las escaleras cuando, de repente, Chris empezó a gritar.

Subió a toda prisa, dejando caer la linterna que se hizo añicos, la escalera se hacía interminable, cuanto más corría, más parecía tardar, y cuando por fin llegó, se encontró a su novia con la mirada fija en la sombra de lo que parecía ser un viejo bastante desgarbado. Se acercó hacia ellos, dejando entrever su siniestra figura. Parecía un mendigo, estaba sucio y bajo un sombrero marrón raído que le ocultaba el rostro en la sombra, le salía una descuidada melena oscura hasta los hombros. Llevaba también un uniforme con el logotipo desgastado de la empresa.

–No deberíais estar aquí, es propiedad privada. –dijo con voz de ultratumba.

–Lo sentimos, no hemos venido a hacer nada malo... solo... enseguida nos iremos –dijo Chris, aún conmocionada del susto.

Aquel tío estaba interpuesto entre ellos y el único camino de salida, Chris agarró a su novio del brazo y jaló de él, porque todavía no había conseguido reaccionar, pasando temerosamente por su lado, mientras éste volvía la cabeza, sin quitarles la mirada de encima. Cuando lo pasaron se dieron la vuelta y aligeraron el paso.

–¡Ey! –exclamó el viejo antes de que pudieran alejarse.

Los dos se clavaron en el sitio.

–¿Si? – preguntó David con la respiración manifiestamente acelerada.

–Habéis venido a ver esto ¿verdad?.

–Sí, me habían hablado mucho de este lugar y sólo queríamos explorarlo un poco –respondió David con evidente nerviosismo.

–Bien –dijo aquel hombre que no inspiraba la mas mínima confianza, tras unos segundos prosiguió. –Este trabajo es muy aburrido, todo el día aquí solo... trabajo como vigilante en estas instalaciones, así que os la puedo enseñar, pero es peligroso que vayáis solos porque todo está muy deteriorado, y puede haber derrumbes, lo entendéis ¿verdad?.

A pesar de su aspecto, habló con gran elocuencia, aunque a Chris no le gustaba en absoluto, pero antes de que pudiera declinar educadamente su oferta, David intervino.

–Pues muchísimas gracias, sería estupendo conocer a fondo la historia de este sitio.

El viejo asintió con una sonrisa macabra, mientras la cara de Chris era un libro abierto. No se lo podía creer, le apretó el brazo y le echó una mirada capaz de atravesar los muros. Él no le dio demasiada importancia, así que se pusieron a seguir a aquel desconocido hacia las entrañas de la fábrica. Por miedo a que le escuchara y pudiera ofenderse, Chris no le dijo nada a David, pero estaba claro que de ésta se iba a acordar.

–Por cierto, mi nombre es Fred.

–El mío es David, y ella es mi novia Chris.

Cada vez todo se volvía más oscuro, y costaba andar sin tropezarse, pero justo cuando Chris iba a proponer interrumpir la visita para irse, Fred levantó un gran interruptor y encendió algunas lámparas que colgaban de las vigas. A medida que avanzaban, él les iba explicando para que servía cada máquina, caldera, y válvula. Aquello parecía por momentos más una visita cultural; historias, y anécdotas hacían las delicias de David. Chris, no paraba de pellizcarle el brazo, dando a entender que quería irse de allí de inmediato, pero no consiguió nada.

–Ahí, donde estabas bajando antes no debemos ir, porque hay residuos tóxicos muy peligrosos.

Fred parecía conocer aquello como la palma de su mano. Era normal que lo supiese, porque resultó que en su día fue jefe de mantenimiento de la central, una fábrica de fundición de hierro. A pesar de su apariencia, pasado un rato con él no parecía ser mala persona. Era amable y cordial, aunque parecía estar enfermo pues tenía una respiración forzada y la voz muy ronca.

David no paraba de hacerle preguntas sobre el pasado de la central, mientras él contestaba una a una sin problemas. Precisamente fueron las propias instalaciones las causantes de su cierre, ya que gran parte de las estructuras estaban revestidas con amianto. La Fundición tampoco pasaba por su mejor época y el desmontar todo aquello suponía una cantidad de dinero inasumible para la empresa, así que prefirió cerrar sus puertas. 

Chris miraba a su alrededor, sin comprender como un lugar así podía despertar tanta pasión a su novio, pero no era algo tan raro, ya que desde siempre a la humanidad le ha gustado lo prohibido, inalcanzable, oscuro, recóndito y extraño. Ese lugar resultaba en cierto modo atrayente, tan grande, con tantos edificios, abandonado, el típico lugar sobre el que se crean retorcidas historias para asustar a los más jóvenes o a los más ingenuos. A medida que avanzaban se escuchaban a roedores y otros bichos esconderse y corretear por la zona y había cucarachas por todas partes. Para su sorpresa, fue David quien  interrumpió la visita.

–Creo... que ya le hemos molestado bastante, ha sido usted muy amable, pero se está haciendo tarde y deberíamos irnos.

Resultaba evidente que lo hizo por ella, pues sabía que cuanto mas tiempo permanecieran allí mayor sería la reprimenda al llegar a casa.        

 –Bien, como queráis, como veis todo esta hecho una mierda, pero este lugar conserva un encanto especial.

Fred dio marcha atrás para conducirlos fuera y Chris por fin respiraba más tranquila, lo que mostró aflojándole el brazo a David, para abrazárselo. Él le correspondió con un beso en la frente. Pero pronto se dieron cuenta que aquello no marchaba, el camino era distinto del que habían cogido antes. Chris empezó nuevamente a sentirse nerviosa.           

–Disculpe,  por aquí no vinimos antes ¿verdad? –dijo David.

Fred respondió negativamente con la cabeza,

–Es más corto por aquí, llegaremos antes, esto es un gran laberinto. –dijo tras una pausa. Con su mano iba acariciando las calderas, como si para él fueran motivo de orgullo.

Incluso David empezó a desconfiar, cada vez estaba más oscuro, y había menos accesos, todo se estrechaba cada vez más, parecía como si en vez de salir, se internasen mas en sus entrañas, pero los dos se mantuvieron en silencio esperando que aquel viejo estuviera diciendo la verdad. Fred sacó un manojo de viejas llaves sucias, y al poco llegaron a una gran puerta metálica oxidada. Introdujo la llave, el eco de los ruidos de la cerradura se escuchó en todo el lugar, Chris aguantó por unos segundos la respiración, hasta que Fred consiguió abrir la puerta entre grandes chirridos. La tensión acumulada dejó paso a un gran alivio al ver que lo que había tras esa puerta era el exterior, y a pocos metros se divisaba la sombra del coche.

–Ha sido un placer, aún quedan mas cosas que ver, así que no dejéis de venir. –Fred lo decía todo con un aire siniestro, que producía mas temor que otra cosa.


David le dio nuevamente las gracias, y le estrechó la mano mientras Chris se mantenía en silencio sin quitarle la vista de encima. Tras despedirse, se dispusieron a ir hacia el coche, mientras oían como la puerta se cerraba a sus espaldas.    

–¿Ves, y tanta preocupación para que?

A Chris no le hacía falta hablar para decir algo, pues tenía una cara muy expresiva.

Lo primero que hicieron al sentarse, fue encender la calefacción, pues en las dos horas que estuvieron allí bajó mucho la temperatura. Chris se frotaba las manos mientras increpaba a su novio

 –Es la última vez que me convences para estas chorradas, vaya momento me has hecho pasar.

Pero David no le prestó demasiada atención, estaba más pendiente del coche que parecía no arrancar. Esperaron un par de minutos, y volvió a intentarlo, pero seguía igual. Parecía cosa de la batería. El ambiente podía cortarse con un cuchillo.

–¡Puto coche, arranca ya!– gritó David.

Finalmente, tanteando con el acelerador, el coche tímidamente empezó a arrancar.

–Joder, que susto ¿eh?

Chris no dijo nada. El cielo estaba cubierto de nubarrones, y no había nada de luz por los alrededores, y casi sin darse cuenta se hizo noche cerrada, pero por fin se dirigían a casa. Con todo oscuro, y sin conocer bien el lugar, David tuvo que dar varias vueltas para encontrar nuevamente el camino al carril principal. Por fin, tras seguir algunos carteles mohosos en los que era difícil leer lo que ponía, parecían bien encaminados; David abrió la guantera para coger un caset, cuando en ese momento se cruzó un gato justo delante del coche, y Chris le avisó con un chillido. David, antes de saber que pasaba, dio un volantazo instintivamente, con tan mala suerte que fueron a empotrarse en un gran depósito de agua vacío. Él no llegó a perder el conocimiento, pero quedó muy mareado. Cuando abrió los ojos, tenía un gran dolor de cabeza, y vio con horror como a su derecha, Chris estaba echada sobre el salpicadero y sangrando por la nariz y con un golpe en la frente. Rápidamente se quitó el cinturón   

–¡Cielo, ¿estás bien?, responde, despierta!

Chris no se movía y David tampoco quería zarandearla por miedo a que tuviera alguna lesión en la espalda. Se bajó del coche, pero a su alrededor sólo había oscuridad. Aún no habían salido del recinto de la fábrica, oteó su alrededor, pero nada, todo estaba muerto, aunque fijándose bien, a unos quinientos metros había una ranura donde salía una luz muy pobre. Pensando que podía ser Fred, fue corriendo a pedirle ayuda, pero no dio dos pasos cuando oyó a Chris balbucear su nombre. Rápidamente fue hacia ella, y la encontró echada hacia adelante en el capó.

–¿Estas bien? ¿cómo te encuentras?.

–Bien, un poco mareada. –le dijo con la voz cabizbaja.

David le cogió del brazo y se la llevó hacia donde había visto la luz, ella estaba demasiado aturdida como para darse cuenta de nada.

Llegaron a una gran puerta corrediza, David miró por una rendija, pero no se veía nada, de tal modo que intentó abrirla, las correderas estaban oxidadas, y por más que lo intentó no pudo, así que cogió una barra de hierro que estaba por allí tirada e hizo palanca. Con gran esfuerzo logró abrirla poco a poco y vieron una gran habitación, con calderas encendidas, tuberías que recorrían las paredes y parte alta que rezumaban líquidos y gases. En frente, un gran estante con gran cantidad de instrumentos cortantes, y a su izquierda, una cama deshecha y una mesita de noche. Antes de poder reaccionar, la puerta corrediza se cerró violentamente a sus espaldas. Una sombra tiró al suelo de un golpe a Chris e inició un forcejeo con David. 


Era Fred. Aquel hombre aparentemente enfermo y débil, desarrolló de repente una fuerza impresionante. Finalmente con unas cadenas que colgaban del techo, logró rodearle el cuello, y lo alzó, a modo de horca. Mientras David luchaba por respirar, Fred se volvió hacia Chris, aún aturdida por el golpe, cogió de un estante una cuchilla con dos anillos soldados en un lateral de la misma y se lo incorporó en su dedo índice. Ella empezó a gritar, mientras él se le acercaba amenazante arañando con la cuchilla las tuberías provocando un chirrido ensordecedor, su novio seguía agonizando detrás suya. Cogió un escalpelo que había sobre un estante, y lo dirigió hacia él.


–¡Suéltalo hijo de puta!, ¡¡¡suéltalo!!! –grito.

Él se paró, y dando marcha atrás, agarró con su mano la mandíbula de David, mientras éste seguía pataleando, acercó la cuchilla a su barbilla, y, mirándola fijamente a los ojos con una sonrisa sádica, se la introdujo lentamente de abajo a arriba en la garganta. Las patadas dejaron paso a una tensión corporal completa mezclada con espasmos, y a la expulsión de borbotones de sangre por boca y nariz, hasta que quedó inerte. Todo fue muy rápido para que Chris, pudiera reaccionar, estaba en estado de shock.

–Una chica de tu edad no debería mearse encima. –Su voz era aún mas ronca y diabólica que antes y su cara expresaba una crueldad sin límites.

Sus manos temblorosas dejaron caer el escalpelo, sus piernas le dejaron de responder y calló al suelo, mientras su cuerpo era cubierto por aquella fatídica sombra, que fue lo último que vio antes de quedarse sin conocimiento.

El humo y el olor eran insoportables, Chris se despertó advirtiendo no tener pantalones; y ahí estaba él, metiendo trozos del cuerpo de su novio en una caldera. Primero un brazo, luego la cabeza cuyo rostro tenía una expresión de angustia difícil de describir... Parecía haber estado fuera de sí un buen rato, pues a Fred le dio tiempo a amputarlo por completo. Pero ahora no podía pensar en eso, tenía que reaccionar como fuera o ella sería la siguiente. Estaba sobre una camilla, atada de pies y manos pronto vio que poco podía hacer en aquella situación. Aunque tenía una gran rabia contenida, le pudo el miedo y la impotencia.

–Por favor –balbuceaba una y otra vez entre lágrimas.

Fred, cubierto de sangre, se volvió hacia ella. Le señaló la frente con la cuchilla y fue recorriendo su rostro suavemente inflingiendo un leve corte por donde ésta pasaba. Ella no paraba de llorar.

–Sigue así cielo, esto es música para mis oídos, no dejes de llorar –le decía mientras se le acercaba al oído.

De la cara fue recorriendo su cuello, pechos, vientre, hasta llegar a su entrepierna. Cuanto más lloraba ella, más se reía él.

–Lo que vas a sentir ahora, será una nueva experiencia para ti.

Los ojos de Chris se salían de sus órbitas, todo terminó en un movimiento rápido de aquella garra y un grito ensordecedor.